Cuando se habla en círculos de jazz, el propio nombre de Bill Evans evoca un sonido tan distintivo e inconfundible como una huella dactilar. Miles Davis, un hombre poco propenso a los elogios efusivos, captó una vez la esencia del piano de Evans con un toque poético al señalar que el sonido que conseguía era como notas de cristal o agua chispeante cayendo en cascada desde una cascada clara, llegando incluso a declarar con su franqueza característica que tocaba el piano de la manera en que debía ser tocado. Esto no es mera hipérbole, sino un testimonio de la cualidad etérea y prístina que distinguió a Evans de sus contemporáneos y cementó su lugar como una figura titánica en el firmamento del jazz, sin transitar por el camino trillado de su vida, sino embarcándose en un viaje hacia el corazón mismo de su esencia musical: su estilo revolucionario, sus contribuciones indelebles al idioma del jazz y las virtudes singulares que definieron su toque en las teclas. La vívida descripción de Mil...
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Feliz 2 años y que vengan muchosm más.